La vida contra las cuerdas ~ Luis J. Esteban Lezáun

lunes, 31 de julio de 2017

Dejó impreso Jacinto Octavio Picón en su «Lázaro: casi novela» que «la vida es combate de pasiones que unas a otras se hieren y lastiman». Con esta acústica de fondo, Luis J. Esteban Lezáun nos presenta en una doble trama, La vida contra las cuerdas, una fábula de combates, pasiones y heridas. A través de nueve de los diez capítulos / rounds, el autor va desgranando dos historias de lucha distanciadas quince años que conviven en paralelo; la final del Campeonato Mundial de Boxeo por el título de los pesos medios y el periodo de adolescencia de un muchacho de pueblo, confluyendo ambos hilos en el definitivo décimo round, entre las doce cuerdas del cuadrilátero.

«Recuerdo la primera lección del Jefe, hace más de una década. El boxeo es como la vida, me dijo, lo importante no es golpear, sino evitar que te muelan a hostias

Caesars Palace, Las Vegas. Combate televisado que confirmará a Mister KO en el trono mundial de los pesos medios; sus últimos dos contrincantes fallecieron a consta de sus brutales puñetazos. En la esquina contraria un español, víctima idónea para que el americano consiga su propósito. Entre el público caras conocidas: Mike Tyson, don King, Manny Pacquiao o Juan Manuel «Dinamita» Márquez. La silla reservada para la mujer del hispano está vacía, está tapándose los oídos en el vestuario. Uppers, jabs, hooks, crochets y directos se suceden destacando la demoledora potencia de los puños de Mister KO así como su falta de deportividad haciendo enfervorecer al cobardeo de la grada, hambrientos del morbo inquisidor que proyecta la ejecución pública.

Puerto Antiguo, España, quince años atrás. Momo recibe en sus carnes la dura etapa de adolescente donde enamorado de Celia, es víctima de los abusos de dos malotes del colegio, Vílchez, el Puñalitos y su servil subalterno Benavides. Huérfano de padres reside junto a su hermana Alejandra, la cual para más inri, trabaja de camarera para el mezquino Puñales, padre del Puñalitos. En esta partida desigual entre los dos hermanos y estos miserables cuentan con el apoyo de su vecina Hellen Schoeder, así como del Quinito, un exboxeador profesional. Las aventuras y desventuras de Momo transcurren junto a su compañero de pupitre Quintanilla, un admirador incondicional del personaje de Pérez-Reverte, el Capitán Alatriste, a quien copia en su forma de hablar y se empeña en usurpar su apodo consiguiendo como resultado el sobrenombre de Caratriste o Quintanilla el Pollatriste. Antoñito el Mediahostia, don Wenceslao el maestro, el padre Agustín, Juanon y Aurelio el cura, son otros de los personajes de este drama donde no faltan robos, armas y agresiones sexuales.

La vida contra las cuerdas tiene un fuerte fondo educativo potenciado en el personaje de Hellen Schroeder, quien ve reflejado en Momo al hijo que nunca tuvo y no se cansa de darle buenos consejos. Igual le abre los ojos frente a un suspenso, «las puntuaciones importantes de la vida no son las académicas», que utiliza artilugios propios, como el Rosal de las Frases Sabias (rosas de papel que desenvueltas albergan didácticas frases) o el Cofre de los Versos Rotos. «Momo no entendía muy bien por qué aquella diminuta arca se denominaba Cofre de los Versos Rotos. Los versos que contenían no estaban rotos, ni quebrados, ni amputados. Los versos estaban enteros. Lo que estaba roto, en todo caso, era el poema, y solo hasta que la mano de Momo extraía de las cajitas las tiras de papel y les daba la vuelta, componiendo el poema completo. Pero Hellen le había dicho que el nombre grabado en la tapa era el correcto, porque los versos aislados son versos rotos. Porque un verso, en sí, no tiene sentido. Su significado remite a otros versos y únicamente en ellos alcanza la plenitud. Como las personas. Una persona enclaustrada, le había dicho la mujer, es una persona rota o, al menos, demediada, incompleta. El sentido de nuestra vida solo se cumple en unión de otras vidas, de otras personas. Un hombre aislado es un absurdo. Una mujer solitaria es un concepto vacío. La unión de un hombre y una mujer llena de razón sus vidas, la dota de significado, las nutre de sentido

Una lectura juvenil y amena, donde el drama se ve desdibujado con hábiles toques de humor. Destacable la calidad literaria del combate en el Caesars Palace, narrado en primera persona y de rauda lectura que se hace corta, dejando al lector con ganas de más. Por contra la parte referente a Puerto Antiguo, narrada en tercera persona, se torna demasiado extensa, en especial cuando el autor se prodiga relatándonos el pasado brasileño de Hellen, del cual no he encontrado ningún aporte al argumento de la novela. En ambas tramas Luis J. Esteban Lezáun transmite un mensaje de instinto de superación y  conservación de los valores, siendo más acentuado en esos duros años de adolescencia donde cualquier afrenta u opinión pueden convertirse en un muro infranqueable. 

«Cúbrete, no te ciegues. Pega los codos a los costados y mantén la guardia alta. Baila a su alrededor, sácalo de quicio». Puedes caer una y mil veces, ¡no pasa nada!, todos vivimos contra las cuerdas, «lo importante es volver a levantarse», la vida es un combate incesante; una intensa y (a veces) feliz agonía.

El corazón de los caballos ~ Pablo Hermoso de Mendoza

viernes, 7 de julio de 2017


Las historias de la gente de campo han de contarse con la sencillez y cercanía precisas para disfrutarlas sin necesidad de recurrir a interpretaciones o tecnicismos que las desvirtúen; El corazón de los caballos está narrado con esos criterios. Pablo Hermoso de Mendoza, el hombre que cambió la concepción del toreo a caballo, se apea del mismo para deleitarnos con una aventura real, que, más que una temprana autobiografía, es un compendio didáctico y muy ameno, orbitado alrededor del caballo; doma, crianza, anatomía, veterinaria, equitación, psicología y muchas caricias, «la violencia no sirve de nada en este mundo, y menos con estos animales».


De familia muy humilde, Pablo se enfrentó a la vida escolar (y militar) con la rebeldía de un potro sin domar en manos de un mal domador; «para mí tanto la escuela como el cuartel fueron dos cárceles en las que nunca entendí por qué tenía que estar encerrado».  La relación con su padre, tratante de profesión, era dura para un niño que desde edad temprana tenía que atender el continuo tránsito de cabalgaduras que pasaban por la casa; la mayoría animales resabiados, sobreviviendo milagrosamente a caídas, pisadas, mordiscos y coces. A pesar de las penalidades, su pasión por estos animales y el constante instinto de superación hicieron que aprendiera a leer en sus expresiones y actitudes convirtiéndose, con los caballos como únicos maestros, en uno más de la manada. Había acertado en su pronóstico el tutor del colegio cuando al abandonarlo de manera temprana, les dijo a sus padres que no se preocuparan, que allí se despiertan vocaciones y nuestro protagonista ya la tenía, ¿para qué desencaminarlo?

Hoy en día Pablo Hermoso de Mendoza es Catedrático del toreo, y a pesar que desde muy joven combinaba las rutas a caballo con otras modalidades hípicas como el raid o el salto, no fue hasta el día que presenció por televisión una corrida de rejones en Las Ventas, cuando quedó seducido por este arte; el impacto fue tan fuerte, que esa misma noche cabalgó convencido que él sería torero.

Solitario en su Navarra natal, alejado de los grandes maestros de la equitación, tuvo que aprender a fuerza de aplicar los pequeños detalles que veía en los libros y videos que caían en sus manos, llegando a enfrentarse sin ninguna preparación a su primera vaca, una «hembra resabiada de siete u ocho años»  creciéndose, como el toro bravo, ante el castigo y las dificultades, «y me paré a pensar que, si aquello era mucho más difícil de lo que parecía, aún merecía más la pena seguir indagando.» / «nunca recibí clases, sino que me dedicaba a “robar”, como las urracas, las cosas que les veía hacer a los demás rejoneadores». También así fue aprendiendo nociones básicas sobre la lidia, como que el sencillo hecho de que al toro no se le sangra por gusto de nadie, como opinan quienes careciendo de cultura acometen contra la fiesta, sino «para que pierda algo de fuerza y no se congestione».

Llegado 1990 decide beber del manantial del toreo a caballo y emprende viaje a Portugal en su viejo Seat 131, siendo recibido en casa de Pepe Lupi, y posteriormente en la de Joao Moura; los consejos de este último profundizan en nuestro artista, quien le considera su único maestro. En estos viajes fue germinando el fruto de muchos años de trabajo,  y aplicando a su concepción del toreo, la filosofía de los cavaleiros portugueses, consiguió transformar sus caballos en ágiles muletas de 500 kilos, convirtiéndose en la figura más grande de la historia del rejoneo.

El corazón de los caballos está narrado por Pablo en primera persona, ofreciendo en su lectura la cercanía de estar compartiendo con él una amena sobremesa. La sencillez de sus palabras hace que tecnicismos ecuestres se tornen explicaciones coherentes para el profano, poniendo de manifiesto desde observaciones básicas, como el movimiento de las orejas equinas, lecciones de anatomía donde explica de manera sencilla aspectos como la diferencia funcional entre la largura del cuello, la dureza de la boca «la boca es solo un reflejo de todos sus defectos o virtudes físicas» o el remetimiento de los posteriores bajo la masa. En el texto, el autor nos desvela infinidad de anécdotas, algunas muy personales, como el contrabando de caballos entre España, Francia y Portugal, los problemas que le dieron muchos de sus caballos más conocidos, entre ellos las dificultades para convertir a Cagancho en estrella del toreo y cómo «aquel potro, que hubiera sido desechado al primer vistazo por un tribunal de la raza lusitana, se convirtió prácticamente en el prototipo del caballo de rejoneo», alcanzando cuotas más altas de celebridad que cualquier otro caballo de la historia. No escatima Pablo en desvelar aspectos económicos, de los que se hablan en los despachos, ni en referirse al precio que pagó por Cagancho o al cheque en blanco que rechazó de un comprador anónimo colombiano quien le ofrecía por un solo caballo, más dinero del que pueda llegar a ganar en toda su carrera como rejoneador. Igualmente nos detalla polémicas surgidas con los compañeros de plaza donde llegó a haber «codazos», u otras como con los hermanos Domecq, quienes quisieron atraparle con un exclusivo contrato, o las consecuencias derivadas de su negativa a torear si no le pagaban como al mejor.

A través de mil y una historias vamos siguiendo las andanzas de un hombre que salido de la nada se convierte en figura mítica del rejoneo,  llevando su espectáculo cultural por medio mundo, recogiendo desde el albero características afines a cada pueblo. Llama la atención la gran afición que tiene Estados Unidos, con clubes taurinos muy activos, el fervor mexicano, en cuyo aeropuerto fue recibido por más de 100 periodistas con campañas de promoción al nivel del artista más prestigioso, o la élite portuguesa, «Lisboa es la cátedra del rejoneo y la plaza que más me impone de todas las de los nueve países en los que he toreado». Mención aparte lo cultamente preparado que asiste a la plaza el público francés, «es un gusto ver allí en los toros a intelectuales, a pintores, a escritores, a cineastas o a gente famosa de París que buscan en la fiesta lo que no encuentran en otros espectáculos: autenticidad, vida y muerte, plasticidad, color, pasión… toda esa mezcla de emociones que les engancha.»

Una estupenda historia real que será el deleite de cualquier aficionado al caballo, al toro y en general para cualquier amante de los animales; una vida que ha sido un continuo intento de superación. Un jinete, un centauro, un matador de toros.

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«El toro es un prodigio de la naturaleza que vive en libertad, en unos parajes que no disfruta ningún animal doméstico, durante más años que cualquier otro destinado a la producción y, sobre todo, nunca se ve humillado. Después de cuatro años se le mete en una plaza y se le engaña, pero no se le humilla, ni se le maltrata ni se le tortura, como se asegura falsamente, sino que muere con honor y dignidad en el calor de una lucha honesta. Yo al toro le respeto, pero no le tengo compasión, porque sería el peor desprecio que se le podría hacer. Prefiero admirar y temer de él esa fiereza, esa seguridad en sí mismo, esa capacidad de ataque a todo lo que le rete, sin miedo a nada, y esa voluntad de liderazgo». 


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